Siempre me han fascinado mis sueños, cómo es que mi subconsciente se las ingenia para cuidar todos los detalles de lo sensorial: la humedad en una pared, el frío, las nubes en el cielo, el resplandor que atraviesa los cristales, los rostros, los ruidos sutiles del entorno. Y de mis sueños, lo que más me ha fascinado siempre son las pesadillas, quizá sea por esa inherente atracción que siento hacia las expresiones más conturbadoras de nuestra esencia. Antes las disfrutaba, las vivía y al despertar me encontraba excitado, satisfecho de emociones turbias; pero con el tiempo ha cambiado, los sentimientos han trasmutado y luego de experimentar cada vesania, me despierto desolado. Despierto trayendo conmigo la aversión, con el horror enraizado en la psique, con las entrañas revueltas y la mente embotada; entonces, otra vez en la realidad, miro en retrospectiva los sucesos oníricos que me llevaron a semejante estado de conturbación, deshilvano esa madeja de imágenes y sensaciones antes de que se pase la fecha de caducidad. Cuando logro mi cometido intento volver a dormir, ansío volver a dormir, no para retomar el sueño, como hacía antes, sino para borrar de mi alma las desgarradoras impresiones de la pesadilla, para refrescarme y recuperar la calma. Algunas veces debo levantarme porque se hace la hora, y sin embargo retraso mis actividades todo lo que puedo para poder dormir un poco más, busco limpiarme el barro y la sangre. De lo contrario, de no poder dormir, la aprensión me persigue al principio del día como una nube negra ensombreciendo mi cielo.
El problema de mis pesadillas es que
suceden a menudo, y de hecho, ocupan un buen porcentaje del soñar;
entonces muchas veces retorno al sueño esperando limpiar mi mente y
termino cayendo en otro foso de tormento tan o más negro que el
anterior. Y así estoy un sinfín de mis horas de sueño, saltando de
una tragedia en otra, errando de un símbolo en otro.
Sí, recurro al láudano para dormir,
desde hace un buen tiempo, pero no es esa mi anatema, mi anatema es
el ahondamiento del miedo irracional y la exacerbación de mis
sentidos oníricos.
Esta es mi presentación, la escogí
porque acabo de despertar de una serie de pesadillas extrañas y no
pude volver a dormir, y decidí, en consecuencia, dejar de mí lo más
inmediato. Y en fin, ya que este espacio planea ser un resquicio
yermo y siempre nublado, la temática se ajustaba perfectamente al
contexto general. Más tarde, quizá, LasEllas tenga algo que decir.
Demian Loveless

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